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Catalina Polledo, Gerente de Operaciones Regionales en Valuar.

En un mercado laboral cada vez más competitivo y demandante, habilidades como la creatividad y la capacidad innovadora cobran especial protagonismo. Si bien las empresas son cada vez más modernas,  tienden a aprovechar los recursos tecnológicos para trabajar en forma más eficiente mediante dotaciones cada vez más reducidas. De allí el desafío de formar equipos de alto rendimiento con foco en habilidad creativa, pensamiento lateral y emocional.

Más allá de que la fluidez conceptual y el pensamiento novedoso permiten dar respuesta a situaciones cambiantes con originalidad, saliendo del paso ante imprevistos y encontrando soluciones frente a encrucijadas desafiantes, la importancia y el valor de la creatividad también tienen que ver con otras variables y situaciones propias del momento que atravesamos como sociedad.

En primer lugar, asistimos a un proceso marcado de avance tecnológico que sin duda optimiza algunas tareas y favorece el progreso de muchas disciplinas. No obstante, el fenómeno de creciente automatización también trae como consecuencia una importante disminución del empleo disponible: si bien las empresas son cada vez más modernas,  tienden a aprovechar los recursos tecnológicos para trabajar en forma más eficiente mediante dotaciones cada vez más reducidas. Y lejos de ser un fenómeno pasajero, se espera que esta tendencia hacia la aplicación de la tecnología en el ámbito laboral se acentúe cada vez más en los próximos años.

Sin embargo, hay muchos trabajos que probablemente no se vean afectados por esta situación. Se trata de aquellos roles que requieren cualidades estrictamente humanas como la creatividad y la capacidad innovadora, habilidades que difícilmente puedan reemplazarse mediante el uso de la tecnología. En este sentido, es muy poco probable que los robots o las computadoras logren abordar y resolver exitosamente situaciones que involucren aspectos relacionados a la innovación como pueden ser la inteligencia social, la habilidad para la negociación o la capacidad para re significar situaciones y desarrollar nuevos conceptos.

Por otra parte, vivimos en una sociedad en donde el saber se vuelve cada vez más accesible y al alcance de la mano debido a la aparición de nuevos medios de comunicación que ofrecen alternativas de conectividad permanente y masiva. Este factor sumado al hecho de que el contenido disponible en relación a cada temática es extenso y cada vez más sofisticado, hace que la aplicación creativa de los conocimientos adopte un valor especialmente relevante.

Así, más allá de adquirir los contenidos, en la actualidad se vuelve sumamente importante el uso que le damos a lo que sabemos. En el marco de un entorno laboral dinámico y cambiante, la clave no pasa tanto por el conocimiento en sí mismo sino precisamente por la habilidad para analizar colaborativamente, discernir y resolver problemas con un estilo innovador. Es por eso que el principal atributo de los candidatos considerados para ocupar posiciones clave e integrar equipos de alto rendimiento se relaciona cada vez más con la facilidad para acomodar los conceptos aprendidos y adaptarse a los cambios. Ya no alcanza únicamente con la formación académica y el conocimiento técnico específico, hoy más que nunca las empresas valoran la capacidad de adaptación continua, la tendencia a la innovación y la creatividad. Incluso independientemente de la función que las personas vayan a desempeñar dentro de cada organización, el foco está puesto en el valor agregado que puedan brindar y en sus posibilidades de acomodarse a negocios en permanente movimiento y evolución.